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En nuestra degustación pasada, el postre fue un merengón con confitura de mango, sirope de flor de jamaica y granos de cardamomo. Toda una fiesta de sabores y contrastes. Unos de los componentes, la flor de jamaica, introducía unos toques fuertemente ácidos y florales, además del peculiar morado, parecido a la mora. Esta flor la conocí en México y lo refrescante de su sabor me encantó. La Hibiscus sabdariffa nativa de África forma parte familia de las Malvacea y de la cayena, aunque sus pétalos son con mucho más cortos y carnosos. Su cultivo de extiende por toda la américa septentrional: desde México, Panamá, Venezuela y la región del caribe, al igual que por toda la zona tropical del viejo mundo.
Sus propiedades medicinales son numerosas: diurético, normaliza la hipertensión, combate los cálculos de riñón, el estreñimiento, la disentería, inflamación de las encías y es una excelente fuente de vitamina C. También es un aliado perfecto para dietas de reducción del colesterol, de los triglicéridos y de peso. La parte que se emplea de la planta Hibiscus sabdarifa son los cálices carnosos que envuelven al fruto maduro, se desecan al aire libre y sirven para la obtención de una infusión de color rojo intenso, aromática, que consumida fría o templada tiene un rico sabor. Los cálices también se usan para la elaboración de gelatinas, helados, chutneys, jaleas, etcétera. Además de la tradicional agua de Jamaica, les sugiero un refrescante y delicioso cocktail preparado con una infusión concentrada de flor de Jamaica y ron blanco. Ver la receta
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