La Ilustradora, historietista, artista plástica Andreína Acero, egresada de la Escuela Armando Reverón, lleva a los muros expositivos de La Guayaba Verde un simpático trabajo titulado "Entre Perras". La paleta de colores de Andreína colorea y da vida a su pasión, las perras, presentándolas de manera creativa fusionando de manera armónica y equilibrada una muestra de pintura, escultura y diseño.
Fecha y hora: jueves 8 de diciembre, 8:00pm
DJs invitados: Proto y Dj Babalú - Los Atletas del ritmo.
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Texto de sala
Las perras de Andreina Acero pueden acaso explicarse con una sola palabra: sincretismo. Sus formas traslucen categorías y conceptos artísticos y estéticos capaces no sólo de conferirle inteligibilidad a la obra, sino también de deshojar las preocupaciones plásticas y pictóricas de la creadora. Sí, estas canes con sus miradas carentes de pupilas, para no desvelar sentimientos ni emociones; sus figuras sumidas en la rigidez, que no hieratismo, típicas, dicho sea de paso, de los retratos y sus dientes siempre expuestos que denotan advertencia, mas no agresividad, trazan un paseo por el kitsch —sin desdeñar del camp—; por el pop, prueba de esto la orgía de colores, y, por supuesto, por lo barroco y lo real maravilloso de Alejo Carpentier. La pintura de Acero con su lenguaje ampuloso devine culto al mestizaje, a lo exagerado y al ornamento. Este aparente exceso de elementos, este barroquismo, sin embargo, no deben ser vistos como notas altisonantes que desafinan una melodía, o como signos de decadencia, sino más bien como la máxima expresión o el momento de mayor riqueza del trabajo de la pintora. El escritor y novelista cubano, en su ensayo "Lo barroco y lo real maravilloso", expone: "...el Barroco es una suerte de pulsión creadora, que vuelve cíclicamente a través de toda la historia en las manifestaciones del arte (...) y nos da una imagen muy acertada cuando dice que existe un espíritu barroco, como existe un espíritu imperial". Su idea comulga, asimismo, con la máxima de Eugenio D''Ors: "Es una constante humana". Además, barroco es cambio e innovación. La trasformación engendra, por añadidura, simbiosis...mezcla.
Los pinceles de Andreina no sólo combinan pigmentos, sino también el espíritu del latino: el mestizaje. El criollo, con sus flechas, tambores y caballos, nace, como es bien sabido, de las antípodas: negro, indio y blanco europeo. En sus venas corren los pulsos más vibrantes y estremecedores de lo mejor y peor de tres culturas tan ricas como antagónicas. Al igual que lo perros callejeros, estos personajes deambulan entre razas y diferencias. Se funden y aparean para parir algo distinto y único. Esta característica concentra el sentido maravillo de la obra. Las fieles amigas de Acero, tanto en la serie "Camafeos" como "Retablos", son maravillosas porque cada una de ellas, enjauladas en sus marcos de aparente pan de oro, entre las iridiscencias de sus lentejuelas, o falsos brillantes —elementos kitsh— cuentan una historia de amor, sexo, lujuria, fidelidad o maternidad. Eso sí, narradas desde una trinchera extraña y de difícil acceso. Son maravillosas porque no son feas ni bonitas sino insólitas. Son real maravillosas porque exhiben, con sus mohines libidinosos, una constante siempre viva y latente en el latinoamericano, en el venezolano: "lo insólito es cotidiano". Son maravillosas porque sin tapujos ni embelecos se desnudan, ladran, exudan su sexualidad, coquetean con sus goces y frustraciones...porque se eternizan en un lienzo o madera.
Femenino pero no feminista, galante pero sin tesituras engreídas, el desafío de esta artista, egresada de la Instituto universitario de estudios superiores de artes plásticas Armando Reverón, es revelar una verdad que disfraza su interlocutor. Una verdad que se oculta por miedo a las regañinas y prejuicios: "todos llevamos una perra por dentro".
—Manuel Gerardo Sánchez





