FoodArt y diseño (84)
Exvoto a San Pascual bailón
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W
Conocí los exvotos en una exposición en el Museo Frida Kahlo , en Coyoacán, Mexico DF. Se trataba nada más y nada menos que una muestra de la colección de exvotos de la pintora. La religiosidad expresada y su imbricación con los aspectos de la vida cotidiana, incluso los más menudos, fue lo que más me llamó la atención.
Hoy, buscando una ilustración de San Pascual Bailón, patrono de los cocineros, conseguí este exvoto que narra de manera muy graciosa, la historia de un marido jubilado que sin éxito incursionó brenvemente en la cocina familiar de su casa. Gracias a la intervensión de San Pascual, el señor de aburrió de la cocina y dedicó su tiempo libre a la jardinería.

Muévete, despacito
Muévete, así, despacito
Muévete, ¡ay!
Canción popular
Guadalupe Victoria Yoli Raimond, La Yiyi, más conocida como La Lupe, pudo haber cantado la estrofa que encabeza esta breve disertación, sobre todo por el ¡AY! Es la estrofa de una divertida canción de las Chicas del Can, famosas en la pasada década de los ''80 y versionada bajo los cánones del más auténtico y clásico reaguetón, en el autobús medio poblado que se desplaza por la Avenida Francisco de Miranda, rumbo a casa, un domingo de tarde lluviosa.
Todos callan en el autobús, sobre todo yo, que me distraigo en un juego de inteligencia creativa: partiendo de ideas básicas, como la diferencia o lo parecido, lo natural y lo simulado, dibujo múltiples escenarios de restringida compresión, el teatro según las reglas de lo posible y lo probable; imagino a La Lupe cantando "Despacito".
A sabiendas de los antecedentes y de sus oscuras inclinaciones, la representación seguramente habría sido un exceso, quizás hasta para ella misma. Una letra lúbrica, ejecutada sin eufemismos, extralimitada hasta el borde en las formas y maneras. Una voz desgargantada, amuleto del cuerpo tembloroso, invitando a la penetración rítmica y sostenida... despacito. Posesa, al ritmo de las congas de Mongo, en La Red, una boite de moda en La Habana, en los días finales de Batista. El espacio, corto; un sucucho decorado sólo con redes donde apenas cabe un piano y una batería.
A falta de reaguetón, buenos son los versos de Julio Gutierrez, suerte de confesión impúdica, sin acto de contricción; una pulsión que reconoce abiertamente no ser dueña de sí, sometida a los designios de lo diabólico, de lo separado en el seno propio.
Hoy tengo el diablo en cuerpo
Apúrate vente,
Delirio de amarte
Deseo constante de ti
Lujuria de versos sin fin.
Ímpetu de "Loco amor... que también es mi locura", que diferencia, separa y al rato, epiceno de sentido, unidad bivalente, emulsivo. Es el diablo quien mueve ese cuerpo trémulo pero fornido; con fiebre de mañana y en la noche azul.
Fiebre
Todo el mundo tiene fiebre
y eso no es nuevo.
Lupe lo sabe muy bien, ella se sacude y hace de madama socarrona pero delicada. Ríe. Es la reina, la tirana y la mala, pero también mujer dolida por la falsedad bien ensayada, el estudiado simulacro.
¡Ay!, que puede ser gemido de dolor, reproche, orgasmo, interjección de semántica borrosa; un recurso transversal que agrega sentido, que discurre sobre la propia canción. Funge de inciso, como intromisión del estilo propio que altera la estrofa, que la hace única, actualizada perennemente, como si nunca perdiera el aura.
Ese amor de La Lupe por lo exagerado, lo impropio, ella que era la mala, es lo que la catapulta , según Susan Sontag, en la lista de los íconos de la sensibilidad camp. Descubrir mi preferencia personal respaldada por una escritora de tal calibre, aumenta el fervor y, más allá del insufle vanidoso, se incorporan nuevos elementos para la comprensión.
En sus "Notas sobre lo camp", Sontag sostiene que esta sensibilidad tiene como único objeto seducir. Hace uso del amaneramiento extravagante, del sentido ambivalente; divertido, pero hermético. Lo camp reclama para sí la cuota de refinamiento endilgada exclusivamente a la alta cultura, tornando alegre "al hombre de buen gusto que antes corría el riesgo de estar crónicamente frustrado"; en un gesto que deleita; que sólo en apariencia es malicioso y cínico.
La teatralización de la canción, con un gesto de puro estilismo, regodeada en el populachero y lo mal visto, sea dedicada al amor encarnado o al cristiano sublimado, es lo que hace que La Lupe trascienda en el panorama del bolero tradicional. Allí donde la Guillot, por ejemplo, se esfuerza por la seriedad del sentimiento, La Lupe impone su hedonismo audaz, su ingenio generoso.
¡Ay! El artificio políticamente incorrecto, no por oposición, sino producto de la desmesura. Es un gesto malcriado que trasmuta la cultura de masas en ejecución personal y hace posible una nueva sensibilidad. Una tal que neutraliza la indignación moral y fomenta lo lúdico. Se supera así la separación entre lo aceptable estéticamente y lo inaceptable, o entre la cultura alta y la de masas.
La experiencia estética nace en la retórica del gusto; en la voz estridente; en la manera de torcer los tobillos, jalarse los cabellos y tirarse al suelo. Son las modulaciones del cuerpo que inciden en la apropiación enguayabada, en esa imprevista transferencia que ocurre entre la cantante y el oyente, la curación de la pena compartida.
Lo decorativo no es prescindible, es el inicio de lo sensible. Pero con un desdén hacia lo definitivo y culto; empujado por una conciencia de fugacidad que alterna usos y sentidos, pasados o presentes, con desapego. De allí que, sin miramientos, La Yiyi cante con igual fuerza y singularidad guaracha, merengue, bolero, soul, disco-music o tambores mirandinos.
Su canto ejerce una irritable atracción, pues no es fácil escucharla. Exaltado por La Lupe, el bolero deja de ser un apocado lamento. Más bien, es punzante, crispa y lacera; no tiene piedad del golpe voluntariamente propinado. Para soportar, sumergirse y brotar victorioso es necesario un desmán, al menos etílico; un arrebato rabioso producto del abandono o el desamor.
Los reclamos de "Si vuelves tú" enmudecen al público de La Red; se han convertido en despiadados, hirientes y ciertos. ¡Ay! ¡Ay! y otra vez ¡Ay! El grito irrumpe esta vez como quejido final y cansado, incrédulo.
Si vuelves tú la vida no ha de ser
lo que contigo fue
cuando estabas aquí.
Termina la canción y allí queda La Lupe, recostada, sudorosa; víctima de sus desafueros. Ha cantado toda la noche. Atravesada sucesivamente por los diablos, como diría Cabrera Infante, deja de ser cuerpo, es solo voz. Traslúcida.
Eduardo Castañeda W
Taller de ensayo Armando Rojas Guardia
Octubre 2010
Comiendose el Wall Street Journal
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda WPerformance artist and provocateur William Pope.L is re-staging his 2000 “Eating The Wall Street Journal” performance at the New Museum''s “The Last Newspaper.”
The New York Times describes the original performance:
William Pope.L, 45, a performer and the curator of the series, is doing what his title says, "Eating the Wall Street Journal." Seated on a toilet atop a 10-foot tower, Mr. Pope.L, naked except for a thick dusting of flour over his black skin, a jockstrap, a silk tie and a gold watch, munches on a stack of Wall Street Journals, aided by milk and ketchup. He then regurgitates the contents to dispel the heavy metals and bleaches in the paper.
"Our consumer society promises power and wealth simply by owning certain objects," Mr. Pope.L said, "which harks back to primitive magic and voodoo. I figured if I also eat it, just imagine how much power I can drain from this fetishized object!"
Yeah, what he said.
Resonancia magnética de vegetales
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W{jathumbnail off}
En Geekosystem he visto unas resonancias magnéticas de vegetales. Tienen un poder hipnótico.
De gustibus non disputandum
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W
El próximo miércoles se inaugura en el palació de Velázquez, Madrid, una retrospectiva Antoni Miralda, artista español pionero del foodart. titulada “De gustibus non disputandum” (Sobre gustos no se disputa). Allí los visitantes podrán ver algunas de sus primeras obras hechas en la década de los sesenta, mediante instalaciones, montajes fotográficos, proyecciones de películas, monumentos, objetos, hasta las grandes intervenciones, como el proyecto “Honeymoon” (1986-1992) o “FoodCulturaMuseum” (2000-2010), su proyecto más reciente.
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Llama la atención “Banquete Patriótico” (1972), menú formado por banderas comestibles elaboradas con arroz destinadas a la putrefacción tras la exposición, creada por tanto, con carácter simbólico de comida indigesta. Aquí MIralda quiere llamar la atención a la sociedad de una época en que, la Guerra del Vietnam era “el plato de cada día”, difundida y trivializada por la televisión. Según el artista, estos arroces patrióticos, representados por banderas, correspondían a los ocho “magníficos” que controlaban el mundo.
Su trabajo más reciente es el llamativo “FoodCulturaMuseum”, finalizado en 2010. Aquí Miralda aborda una estética gastrocultural. Esto es, la relación entre la comida y el concepto artístico. El artista encara un proyecto a nivel mundial que consiste en la creación de una especie de museo, archivo y centro de investigación que pueda convertirse en memoria viva de lo gastrocultural y en centro de documentación. En este sentido, es interesante la instalación “Santa Comida”, realizada en el neoyorquino Museo del Barrio, en 1984. En ella, los siete altares, que evocan antepasados africanos, santos y las vírgenes de la santería afrocubana portan de sus alimentos favoritos.
Naturalezas muertas de Jean-Baptiste Tournassoud
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W
Jean-Baptiste Tournassoud nació en Saône Montmerle, en 1866. Después de una brillante carrera militar, entra en contacto con los hermanos Lumière. En 1920 deja el ejercito y se dedica por completo a la fotografía .
Produjo una considerable cantidad de imágenes fotográficas en blanco y negro, así como una extraordinaria colección de placas autocromáticas. Comparto con ustedes algunas de sus naturalezas muertas.
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El mundo de Albert Kahn
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W
En Plato fotográfico, publican un artículo sobre Albert Kahn, rico banquero y filántropo francés de principios del siglo XX.
En 1909 el banquero millonario y francés Albert Kahn se embarcó en un ambicioso proyecto para crear un registro fotográfico de color con imágenes de todas partes del mundo. Kahn pretendía con este proyecto dar a conocer culturas remotas y promover el acercamiento entre las civilizaciones y la paz.
Kahn utilizó su inmensa fortuna para enviar un grupo de fotógrafos a más de cincuenta países alrededor del mundo, en un momento histórico previo a la Segunda Gerra Mundial y a los grandes cambios de la globalización.
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Food about you
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda WEste corto es el ganador del Festival de animación Aggency.
¡Una nueva moda en Europa!, los restaurante a ciegas, establecimientos donde los bajos niveles de luz no permiten distinguir visualmente lo qué se está comiendo. La comida entra, no por la vista, sino por donde le es más natural, por la boca.
En la boca, la lengua: órgano del gusto, músculo para tragar. Lengua también de la modulación y de la comunicación verbal o escrita. Dos de las actividades humanas con mayor densidad operan en un mismo lugar. "Densidad" entendida en términos foucaultianos, como imbricación, ámbito de relaciones multidimensionales, de inclusión.
‘, ‘Texto y cocina, densos, pero también dispersos; dinámicos, entrecruzados y en proceso de lenta recreación. El punto de cruce, de valor cero, es la receta, la trasmisión verbal o escrita de los procedimientos, insumos y cantidades necesarios para preparar el condumio. Explota un cuadro de dispersión estadística que abarca todo nuestro actuar y nos diferencia como especie. Sólo nosotros nos debatimos entre lo crudo y cocido.
La socialización, la transmisión de memoria y la apropiación de la realidad se cumplen con igual nivel de completitud cuando comemos y hablamos. Una canción, un himno o un pabellón con baranda encierran la misma carga de identidad grupal e individual, sea por asimilación o por rechazo. Al ingerir esa carne transformada en delicados hilos proteicos, fritos o guisados, se come cultura.
La experiencia gustativa es también la experiencia del territorio, esa referencia espacio–temporal de la memoria, de la identidad, del sentido de pertenencia. Engullir y digerir los alimentos es un acto de nutrición, pero también un ejercicio axiológico: estructuramos y jerarquizamos la realidad, fijamos posición.
Un discurso puede tener tanto contenido y efecto político positivo como el de una cena diplomática, tal como lo reseña Germán Carrera Damas en su inteligente y elogioso libro sobre la gula. Cuenta el autor como, en sus diversas misiones en el extranjero, dos de las principales herramientas usadas para dirimir diferencias y acercar a las partes encontradas fueron la mesa y su reputada fama de buen cocinero.
La cocina, en su lenta preparación, permea todos los ámbitos de la cultura, de la mano con el lenguaje. Una visita, con ánimo glotón, a los mercados de cualquier ciudad tiene tanto valor cognitivo como la más sesuda investigación acerca de las relaciones económicas, las estructuras ideológicas y políticas de un país. La disposición de los tomates y pimentones, el punzante aroma de la canela o la tímida discreción de la flor de lavanda, o un tajalí fresco que reposa frío encima del salmón; todo esto son datos para la comprensión del hecho social.
A pesar del lugar que ocupa la alimentación humana en la producción y transmisión cultural y de las dimensiones que la circundan, la tradición filosófica occidental nunca evaluó meritorio hablar de alimentos, de cocción o del sentido gustativo. Siempre consideró estos temas alejados del conocimiento verdadero, de una ética correcta y de la belleza desinteresada.
Según la antigüedad, los sentidos que nos conducen al conocimiento del ser de la cosas son la vista y el oído; los otros generan confusión y el gusto lo hace en mayor grado, concepto que se mantiene mucho después de irrumpir la modernidad. En su motorizar la historia, el espíritu hegeliano, discurre, reza, gobierna, hace cosas bellas, construye, pero no cocina. Allí no se conoce, nos alimentamos; lo sabroso no es bello, es volátil, según la digestión de cada quien. El gusto estético nada tiene que ver con papilas ni paladares.
Obviamente, una filosofía de este tipo es de muy corto alcance, principalmente por dos razones: en primer lugar, la vista no es un sentido exento de confusión, tal como ya lo han demostrado los estudiosos de la percepción; y en segundo lugar, el gusto, entendido como una experiencia completa, acuciosa, lenta y circular de lo comestible, proporciona suficientes datos ciertos de la realidad, de la propia conciencia golosa y de quienes le acompañan.
Durante siglos, salvos gloriosas excepciones, la cocina y su versión sublimada, la gastronomía, han sido actividades vinculados unicamente con el mero contentamiento de la necesidad y el intercambio comercial del lujo vanal; simples técnicas empobrecidas de sentido. Interpretación esta que, en mi cotidiana opinión de cocinero, debe ser revertida, desde dos flancos: uno, repensar nuestra alimentación y la experiencia gustativa concomitante, como fuentes cognitivas, éticas y estéticas, y el otro, desde la cocina: esa transformación física, química y digestiva de los insumos; esa práctica que produce goce y nos aferra a lo material, tanto así que ingerimos su resultado; que genera sociedad pues siempre nos vemos obligados a conversar sobre lo comido o lo no comido.
Ni el refulgir de la cocina mediática, ni la ilusión snobista del Chef-artista y su genio, o la sobreexposición de platillos para ver y no para comer resuelven el atolladero generado por siglos de pensar errado; más bien lo profundizan. Si la cocina puede ser arte, si lo bello también es sabroso; lo es en la medida que la experiencia gustativa alimente, se reconozca proveniente de la tierra, e incluya al otro en una memoria tan explayada y vasta como la mesa bien dispuesta. Sólo así podremos hablar de una alimentación, una cocina y una gastronomía con sentido ético, estético y cognitivo; tal como lo hacemos con el lenguaje.
Esculturas de mantequilla
Jueves, 02 Febrero 2012 Publicado en FoodArt y diseño Escrito por Eduardo Castañeda W
El chef Vipula Athukorale realiza, durante más de 90 horas, esculturas con mantequilla y margarina. Los detalles alcanzados en sus piezas le ha hemo meritorio de varios premios.
Uno de sus secretos es usar margarina, pues es más resistente que la mantequilla y más fácil de trabajar. Y no solo el ambiente debe ser fresco, sino que el cuerpo mismo debe permanecer en una baja temperatura. Se debe controlar la respiración y enfríar con frecuencia las manos.
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Athukorale, quien nació en Sri Lanka, ha trabajado en hoteles de primera categoría en Grecia, Irak, Chipre, Bahrein e Inglaterra.
Para leer más: www.dailymail.co.uk





























