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La Freddy era cocinera antes de ser cantante

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Gracias a Juan Omar Mederos Pérez, investigador mexicano y visitante del site, me entero de que la Freddy, una de las voces más originales del bolero cubano, visitó a Venezuela en el año 1960. Una reseña del evento, publicada en la revista Élite el 22 de octubre de 1960 y escrita por Bernardo Viera Trejo narra el impacto causado por la Freddy, quien sólo cantaba y gustaba, quizá por eso de hacer sido cocinera antes que famosa bolerista.

La fotografía es de Leo Matiz y Luis Scotto. Transcribo a continuación el texto del artículo.

FREDDY: UNA VOZ DE 200 KILOS

Freddy. Se llama Freddy a secas. Como los reyes, Freddy I. O como los papas, Freddy XXIII. Pero, siempre, sin apellidos. Freddy y nada más: una hermosa voz de doscientos kilos. Freddy… Desde hace una semana Freddy estremece a los venezolanos con su estilo limpio, original, purísimo.

En las pantallas de los televisores, donde cabe a duras penas, Freddy suele asomarse para cantar “Noche de ronda” como los ángeles. Pero cuando su recia humanidad, sus doscientos kilos se ponen en movimiento para repartirse, todo el pasillo del hotel, el estremecimiento se hace físico con las piernot5as, los brasotes, el cuerpote de Freddy.

Soy así y no me molesta. Me gusta comer bien y mucho. Lo que importa es cantar.

Por la noche, la pista del night club donde trabaja se llena con su cuerpo y el night club todo se llena con su voz redonda y sonora que se parece a ninguna. Freddy es aplaudida una vez. Y otra. Y otra más. Y canta diez y doce canciones cada noche. Entonces nadie ve el tronco de mujerota: todos ven su voz, su pureza, la ternura de sus expresiones. Una vez más, la ley de la compensación.

Freddy, hace cosa de seis meses, era una modesta cocinera en una barriada habanera. Por las noches, caminaba la calle Infanta, modesta avenida de capital de Cuba, y, acompañada de amigos y amigas, dejaba escuchar su hermosa voz. Una noche saltó de la Infanta a la aristocrática pista del Hotel Capri y no necesito más: su voz se popularizaba en pocos días, su estilo era imitado, sus discos volaban en los establecimientos y su rostro llenó ostentosamente las páginas de periódicos y revistas capitalinos.

Ahora Freddy ha hecho su primera gira al extranjero. Venezuela la recibe con el mismo entusiasmo que los habaneros y ya su voz se escucha en la radio, en la televisión y en millares de discos.

Aquí me siento como en Cuba. Lo venezolanos son muy cariñosos y parece que les he gustado…

Freddy se arregla ante un espejo que, aunque hace lo posible, no puede reproducirla “al tamaño”: apenas caben la mitad y quinta parte de su brazo en el espejo.

¿Enamorada de Venezuela? Freddy hace silencio. Muestra la foto de su hijo. Sonríe y responde: Tengo algunos enamorados, pero no he escuchado promesas. Por ahora, cantar y gustar. Esto es todo…

Y Freddy se aleja estremeciendo el pasillo, el hotel, la calle, los cerros, la Plaza de El Silencio, Caracas, Venezuela… ¡El continente!

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